Todavía se agolpan en mi recuerdo las primeras sensaciones vividas al atravesar la puerta de madera del Seminario de Huesca. Era el año 1973, y con 11 años, mi hermano gemelo y yo dejábamos nuestra casa para iniciar el internado en Huesca.

Mi padre siempre decía, la mejor herencia que les puedo dejar a mis hijos es la educación. Hijos de una familia humilde, mis padres tenían claro que esa era la mejor acción, y centraron todos sus esfuerzos en ello. Esos años constituyen en mi memoria un grato recuerdo, y una gran vivencia de una educación centrada en valores de un verdadero compromiso social cristiano.

Por otro lado, en mi vida asistía al calor de las cocinas, a las charlas intensas con viejos socialistas oscenses, las conversaciones amables, las historias narradas por personas que lucharon por las libertades, el exilio conocido por un reconocido socialista Fausto Roca, las terribles vivencias en el campo de concentración de Mauthausen que el viejo socialista Julio Casabona nos explicaba, fueron conformando en mí ese socialismo, además de ideología, como sentimiento.

Así pues, compromiso social y sentimiento socialista, forman parte de mi vida, de mis valores conocidos en mis primeros años de juventud. Militancia que se afianzó al inicio de la democracia local en 1979, cuando en Castejón de Monegros, mi padre junto a otros compañeros se presentaron a las primeras elecciones democráticas al ayuntamiento.

Así, en esta primera etapa política, viví lo que yo llamo el "socialismo fraternal", donde los encuentros, las reuniones, las pequeñas asambleas se realizaban en las viviendas de los militantes. Cruce de sentimientos entre ilusión y prevención, entre lucha política y necesidad de acuerdos. Esa fue mi escuela, esos fueron mis inicios.

Estos días en los que tengo la responsabilidad de ser el alcalde de Huesca,  aquellas vivencias de mi infancia y juventud continúan más vigentes que nunca. Con esos mimbres afronto cada día, cargado de ilusión y de ganas.

Luis Felipe